Es difícil saber con exactitud el número de impactos publicitarios al que podemos estar sometidos como consumidores al cabo del día en Internet, la TV, la radio, en las vallas de exteriores, la prensa, los autobuses, etc. Casi no hay lugares que no se hayan convertido en soportes e incluso nosotros mismos no dejamos de serlo en ocasiones aunque sea de forma voluntaria. En definitiva, estamos sometidos a constantes reclamos de solicitud de nuestra atención. La neuroplasticidad de nuestro cerebro hace que podamos sobrevivir cognitivamente a esta saturación de llamadas de atención de dos formas: una, obviando gran parte de esas llamadas (hemos aprendido a ...


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