¿Quién ha dicho que los nombres tienen que ser cortos y estar ligados por su significado al uso de los productos?
Los hombres que no amaban a las mujeres no es una novela sobre gays, ni La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina es la historia de una pirómana, ni La reina en el palacio de las corrientes de aire trata sobre una reina acatarrada. Sin embargo, nada de eso ha impedido que los larguísimos y un tanto surrealistas títulos de las novelas de Stieg Larsson hayan vendido más de sesenta millones de ejemplares en todo el mundo.
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Es que ahi la marca es Stieg Larsson, no “La chica que soñaba..bla bla bla” de hecho el titulo de sus libros es distinto en cada pais, aunque signifique lo mismo.
Y lo cierto es que el autor se llama realmente Karl Stig-Erland Larsson, pero al parecer no vio el nombre muy vendible.
O sea, anónimo Ruido Rojo, que la marca en El Quijote es Miguel de Cervantes. O en la serie Lost es el nombre de los guionistas. Curiosa interpretación del branding.
Hay veces que tiene mas peso la marca del fabricante que la del producto y viceversa. Pero creo que este caso el nombre del autor eclipsa el nombre de la obra.
Por ejemplo en el sistema operativo Microsoft Windows tiene mucho mas peso la marca Windows que Microsoft, en cambio en una TV Sony Bravia tiene mucho mas peso Sony que Bravia. O en el caso de un cantante con una cancion nueva o un disco nuevo, la gente te hablara del disco nuevo de fulanito porque lo importante es fulanito y no el nombre del disco.
En el caso de El Quijote y Miguel de Cervantes creo que estan bastante a la par, en el caso de Lost el nombre de la serie prima sobre J. J. Abrams que aunque tambien es conocido, no lo es tanto como su producto.
¿Alguien conocía a Stieg Larsson antes de que “Los hombres que no amaban a las mujeres” se convirtiese en un éxito?
Hay tema para rato. El marketing o el branding en el mundo editorial o literario o como queramos llamarlo es cuando menos paradójico o aleatorio, o anarquico o…, porque sino como explicarnos que el 70% de los bestsellers mundiales eran libros que las editoriales lanzaban sin esa presunción de super-ventas, manuscritos que llegaban y que se publicaban como otro más del frontlist de ese año?. Mola un montón este mundo de los contenidos. Como bien dice Agusín ¿alguien conocía a Stieg Larsson antes de publicar “Los hombres que no amaban a las mujeres” ?
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Pues depende Agustín.
Soy de la idea que los manuales de branding están allí y ayudan, pero que la última palabra la decidimos nosotros, no todo es extrapolable.
Para algunas cosas, como este libro, con “no marca” inicial, las cosas fueron bien. Otros productos, si que necesitan marca, y de las recordables, si no, sencillamente nunca existirán en la mente del cliente.
Creo que el caso del libro, el encuadre simbólico de la marca, si la hay, llegó a través de ciertas características-atributos que terminaron por diferenciar-posicionar el “producto”(trilogía, títulos singulares, libros “tochos”, autor desconocido, su muerte accidental, la situación de los derechos de autor de su pareja, etc, etc)
Nombres cortos?, nombres largos? Recordables?, Pues dependerá de cada caso
saludos
Amigo Gekko. Para mí la marca es mucho más valiosa que el propio producto y jamás he puesto en duda su extraordinaria importancia. Mi comentario se refiere exclusivamente al valor de la expresión escrita de la misma.