El dos de abril de 1993 pasó a la historia como el viernes de Marlboro. Aquella jornada, la compañía tabaquera Philip Morris, en respuesta a la situación de desventaja competitiva respecto de otras marcas, anunció que rebajaría el precio de venta de los cigarrillos en un 20%. La consecuencia fue el desplome de sus acciones y las de la competencia, así como las de otras productoras de objetos de consumo para el hogar. La reacción del mundo del marketing no se hizo esperar: las marcas habían muerto. En un año donde Europa se removía internamente afrontando una crisis monetaria generalizada, el valor otorgado a las grandes compañías, confirmando las teorías lanzadas en la ...


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