A mi lado había tres señoras a las que de un vistazo clasifiqué sociodemográficamente como marujas. Que nadie se moleste por el comentario sexista. Debe ser jerga marketiniana comúnmente aceptada porque Procter & Gamble lo utiliza frecuentemente para definir a las compradoras de sus detergentes.
De repente creí oir “Wikipedia”. Me dije “no, es imposible”. Y agucé los oídos todavía más. Volví a oir “Wikipedia” dos veces más y luego “Facebook”, “pendrive”, “Amazon” y “Skype”. Es más, una de ellas argumentaba con todo lujo de detalles la cantidad de dinero que ahorraba en sus facturas telefónicas a base de utilizar distintas aplicaciones disponibles en la Red.
El observatorio Red.es revela que Internet llega ya al 53% de los hogares españoles y a casi un 60% de los ciudadanos - aunque no nos ofrecen este dato, es de suponer que la penetración de la red en las grandes urbes es muy superior, si no prácticamente universal.
Por un momento se me olvidó que Internet es el medio más democrático que existe, que el hecho de que mis amigas las e-marujas no vistan de G-Star y Tiger ni tengan I-Phone ni una bolsa Freitag, el hecho de que no sigan la estética geek, no significa que no puedan ser usuarias avanzadas de la Red.
Esta anécdota sin importancia esconde varias lecturas relevantes para los grandes anunciantes:
- Que las personas –no los medios- son lo verdaderamente importante.
- Que la Red ha dejado de ser el gueto de techofriquis que los miembros de la Generación X a la que suongo que pertenezco descubrimos por primera vez en los 90. Internet es de todos.
- Que nunca va a ser un coto privado de los nuevos apóstoles de los Social Media. Los Social Media no son una Matrix idílica donde marcas y consumidores conviven en un estado de felicidad eterna. Simplemente son un reflejo de cómo pensamos, actuamos y nos relacionamos fuera de la Red con el añadido de la rapidez de propagación y la gigantesca audiencia potencial que Internet nos ofrece.
La Red es un foro donde todavía es posible iniciar un diálogo eficaz y equilibrado con cualquier segmento de clientes. Sólo tenemos que conocerlos bien, detectar las comunidades en las que comparten intereses, y acercanos a estas comunidades aportándoles algún valor, no cháchara publicitaria. Ojalá este principio se preserve muchos años.
Admito que fui prepotente al prejuzgarlas. Lo siento, e-marujas.
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Hola Francisco Javier:
Me ha hecho mucha gracia tu artículo sobre las e-marujas, sobre todo el que te sorprendiera oirlas hablar de otros temas que no fueran de cotilleo, o de recetas de cocina. Por mi parte te puedo decir que siento tener 60 años y no 30 para poder ser un genio de las nuevas tecnologías.
Soy un número más en las listas del paro, pero no por eso estoy parada. He realizado un curso de diseño web y multimedia y ayer me dieron el diploma que lo certifica.
Con esto quiero decir, que la edad no está reñida con la curiosidad y necesidad de estar al día en este nuevo mundo de la comunicación.
Tengo una web de gastronomía “www.amesapuesta.es” que no me gusta como está diseñada parte de ella y estoy estudiando los cambios a realizar. Como verás las “mayorcitas” también estamos en la onda.
Saludos,
Nita
Tu columna de hoy ha sido francamente divertida y reveladora. Ciertamente no imaginé que las “marujas” llegaran tan lejos en la red… a veces nos guiamos por los estereotipos.
Saludos,
Nita, gracias por tomarte el post con humor. Por cierto, amesapuesta no está tan mal. Hay miles de webs corporativas de empresas gordas bastante peores y que tienen al cliente bastante menos en cuenta que tú. Un saludo.